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En Turquía, el combate político por la libertad, la justicia y la democracia es una lucha de larga historia y pasa inevitablemente por el frente de las prisiones, donde, lejos de detenerse, la lucha se centra frente a los muros y asume una dimensión ejemplar. El Estados turco lo ha comprendido y ha continuado llevando su opresión hasta estos lugares, intentando por todos los medios romper la resistencia de los prisioneros políticos al esforzarse en mantener un sistema penitenciario basado en el aislamiento como metodología regulatoria de la conducta.
Las luchas en las prisiones de Turquía.
Hay más que seis mil prisioneros políticos en Turquía, una cifra que resume la importancia de su lucha y sobre todo el peso que representan para un estado determinado a mantener su modo de gobierno dictatorial y su política de opresión generalizada.
En efecto, las estructuras penitenciarias actuales se componen de dormitorios colectivos que acomodan a muchas decenas de prisioneros, lo que les permite desarrollar un estilo de vida solidaria y comunitaria que preserva un mínimo de humanidad y dignidad en el seno de un universo despiadado. Agrupados, son menos vulnerables y pueden defender su palabra; dos aspectos que son inadmisibles para la dictadura que ve en ellos una traba a su poder. Los prisioneros políticos sólo tienen su vida para oponer y desde hace veinte años esta lucha está sembrada de motines, huelgas del hambre y protestas a las que han contestado represiones y matanzas. Estos últimos años han sido señalados por dos acontecimientos importantes directamente ligados a la política carcelera de Turquía.
En el verano 1996, por ejemplo, una larga huelga del hambre arrastró a la muerte a 12 prisioneros políticos y ha perjudicado la vida a numerosos más, pero ese sacrificio hizo retroceder a las autoridades. En el septiembre de 1999, una operación de las fuerzas especiales turcas, contra los prisioneros de la prisión de Ulucanlar en Ankara, que ocuparon un dormitorio, tuvo como resultado, después de la ingerencia paramilitar del gobierno, la matanza de diez prisioneros y de otros gravemente heridos, pero el horror suscitado no bastó para hacer desistir a los prisioneros y provocó la retirada de las autoridades.
El estado turco intenta modificar sin embargo las estructuras de este último bastión resistente a su política carcelaria. Así ha concebido y dado a luz el proyecto de prisiones de Tipo F contra los que se han batido y muerto muchos prisioneros políticos.
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